Relajado, oyendo el mar, tirado en una tumbona junta a una piscina, leyendo a Guy Roques en su Mosquero Andante – que me ha gustado mucho, me han parecido unas vivencias bonitas, muy bien elegidas, sencillas en su lenguaje, cercanas, pisando el suelo, yo en un principio al leer el título pensé en algo quijotesco, pero me parece que Guy no ve falsos gigantes, me viene a la cabeza la promesa que le hice a Javi de escribir un suceso, que no dudo que todos hemos tenido alguna vez, y que a mi me sirve para evadirme de reuniones pesadas, conversaciones egocéntricas, colas interminables o para disfrutar recordando momentos de gran excitación, estimulantes, hondos, de esos que dejan poso.

Mi huida mental comienza un domingo de Abril del 2001, como muchos domingos, desde que estamos criando es difícil ir algún otro día, Cipri me pasó a buscar y aunque ya habíamos pensado ir a pescar al Iratí , no teníamos claro donde parar , por fin nos decidimos por un sitio que había pescado yo con mi padre una vez y me gusto , un lugar entre Artozqui y Orbaiceta (je ,je ,je )

Almorzamos a gusto , llegamos al lugar , ningún coche ¿ ,nos cambiamos ,montamos las cañas y entramos en el río. Bajaba fuerte , subido, claro, verde,nos pusimos a pescar en paralelo como siempre y no pasaba nada ,hasta que vemos alguna tímida subida , bajan moscas amarillas, pocas, nos acercamos a una curva del río , Cipri va por la derecha , yo por la izquierda , vamos acabando la curva y nos encontramos una tabla larga donde vemos continuas cebadas. Yo me pongo loco , el agua nos llega hasta el pecho , comienzo a lanzar desordenado, nervioso, atropellado y me salen unos lances tristes , me enfado ,me tenso , cuando mejor lo tengo que hacer peor lo hago .Cipri me frena, me da pautas , me trata como a un neófito porque yo en mi excitación voy lanzando a diestro y siniestro ,he fallado ,atropellado y asustado a varias truchas .Necesito parar del todo ,respirar ,contemplar y sobre todo escuchar a Cipri a mi lado, dejarme empapar por su carácter tranquilo, entrar en su sosiego y saber estar, tan inglés , sus lances pausados. No pasa nada , solo que tenemos cuarenta truchas comiendo delante nuestra ...

Consigo entrar en sintonía con el hacer de Cipri y seguimos avanzando en paralelo ,disfrutando los dos de los lances suyos y del otro ,de las clavadas , de verlas nadar rápidas cuando las soltamos.

Fue ese dia una gran experiencia de aprendizaje para mí , gracias a haber ido con Cipri fue mejor.Me ayudo a centrarme con sus consejos, a recordar que en la pesca cada momento tiene su solución , pero si para hallarla tienes al lado a un amigo que te acompaña, te escucha y te ayuda ,puedes llegar antes al camino correcto.

Hasta a mí me suena algo cursi este final , pero se que el haber estado pescando ese dia con Cipri me aportó mucho .Nos reíamos incrédulos al clavar otra y otra , era como esas pescatas que contaban nuestros padres y ¡estábamos en lo libre¡.

La cola por fin avanza, la reunión se acaba , yo despierto de mi ensoñación y continuo...

Un saludo a todos Antonio Puig

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