Hay un crítico taurino al que suelo leer en vacaciones , que me hace mucha gracia cuando en el resumen final de una corrida de toros todo su comentario río,¡ lo mejor la merienda !.

Alguna vez yo también lo he pensado después de un día de pesca en el que has luchado con el río, el tiempo , la gente, los enganchones , las roturas de pita y la ausencia de truchas.

Y ya llega, ya lo tenemos encima, el primer almuerzo de la temporada, que ganas tenía , que ganas tengo de ir a Oronoz, a Pierresenea con Luciano y pedir como Jesús, huevos con todo, esto es: jamón pasado, tomate ,chistorra,patatas,zuri ta beltza, bien de pan bien de vino algo de gaseosa y ...no suele sobrar nada .
Ese día a pesar de las ganas de pescar ( sobre todo el hijo de Andrés que no para de dar el coñazo diciendo vamos papa vamos papa y el le mira sonriendo y no le contesta nada ) lo de menos es la pesca.
Lo bonito es el encuentro cerca del río, llegar, bajar del coche e ir a mirar sobre el murete, si hay alguna trucha puesta, si se ven moscas, cuantos pescadores andan arriba y abajo en los escasos metros que se ven de río, la última picotería de Josetxo, el buen humor de Santi, los comentarios ingeniosos de Pedro, la termineitor de Javi , el purito de Cipri.

Esperamos nerviosos este día y cuando llega , dejamos pasar las horas tranquilos hasta que nos dé el momento de levantarnos de la mesa, bien almorzados y entrar al río a las 12 ó 13 horas, cuando ya mucha gente se ha retirado ya.

Es el almuerzo algo importante en la pesca, como encuentro, como inicio de lo que va a continuar.

Para mí la pesca a látigo, salvo en contadas ocasiones, se hace más atractiva y la disfruto más pescando con otra persona.

Se aprende mucho si tienes la suficiente confianza para escuchar y humildad para que te digan las cosas que tienes que ir mejorando .

El río, con todo lo que conlleva te pone a prueba, te saca lo que eres, o lo que ese día tienes dentro haciéndote grande o pequeño.

Yo hay días que me desespero pescando, inmaduro, no resuelvo, pesco desconcentrado rapidísimo despacienciado, me voy del río, huyo de él.

Y hay días que después de comerme el bolo más grande del mundo soy el pescador más feliz, porque he conseguido conectar con el río, su entorno, con la cadencia de la pesca, los encuentros con otros pescadores .

El río te saca de las tripas lo que tengas, tanto si pescas solo como acompañado, pero en compañía puedes liberar con más facilidad eso que te paraliza el cuerpo.

Un saludo a todos Antonio Puig

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