Os habéis para a reflexionar cuando consideráis que un día de pesca ha resultado redondo?.
Algunos ya estarán pensando en esos artículos sobre expediciones a ríos paradisíacos donde la trucha más pequeña mide 60 cm. y va acompañada a la guardería por sus 200.000 hermanas mayores pegándose todas ellas por engancharse a nuestra mosca.
¿El éxito solo viene de pescar muchas docenas de truchas, todas muy grandes, en una única sesión de pesca?.
Si es así, los pescadores más modestos que solo nos movemos, como muchos, por el norte peninsular lo llevamos claro.
A nadie le amarga un dulce y de vez en cuando esos días de muchos peces (sin exageraciones, no pretendamos hacer creer a nadie que en diez días pescamos 3000 truchas - 300 truchas diarias, en una jornada de pesca de 10 horas supone una trucha cada 2 minutos; sobran comentarios-) satisfacen lo suyo; nuestro ego se refuerza cuando nos hacemos con 15 o 20 peces en un día, pero ¿Y si siempre fuera así?, ¿No os parece que cuando el objetivo- sacar truchas- se cumple con mucha facilidad, queda como un regustillo amargo, como si nos dijeramos:"era tan fácil que no tenía mucho mérito".
Es divertido clavar dos docenas de truchas en un día porque no es lo habitual; recordad el chiste: "Muerto un pescador, aparece en un río perfecto, con truchas quileras abundantes y una caña de mosca en la mano; cada lance lleva la mosca a un pez que siempre la toma.
- Estoy en el cielo - piensa el pescador.
Veinte horas después sin haber fallado ni una tirada, el pescador empieza a cuestionar su situación:
-¿Es siempre así? Pregunta a su guardián que lo mira desde la orilla.
- Sí - contesta este
- Infierno - maldice el pescador
- Efectivamente - dice el guardián.
La verdad es que en mi recuerdo quedan días de pocos peces, pero en circunstancias que hicieron los lances muy bellos y así recuerdo una trucha en el río Larraun muy satisfactoria para mí, comía al fondo de un túnel vegetal, más o menos un metro bajo las matas de la orilla a base de lances fallidos, de algún enganchón, conseguí colocar la mosca en su agujero y la saque;
Aquel día no conseguí ni media docena de truchas, pero aquel único pez y ni siquiera era muy grande me lleno de satisfacción y valió el solo por todo un día de pesca.
O aquella vez que ignoraban mi mosca por el agua baja y muy clara de un río en el fin de la primavera, y a base de pescar muy, muy fino, con pequeñas moscas, pude hacerme con 4 o 5 peces.

A veces la circunstancia de estar en el río un día hermoso soleado, viendo a tu alrededor la pujanza de la naturaleza, llena de una satisfacción difícil de definir o de entender para quien no la ha vivido. ¿Será que yendo a pescar seguimos los designios de nuestra herencia genética, y eso nos reconcilia, en parte, con nuestra propia naturaleza?.

No sé que es pero no es necesario pescar mucho para que una jornada resulte satisfactoria. Por tanto amigo pescador, no te obsesiones persiguiendo el récord del año en peces cada salida de pesca. Relájate, mira a tu alrededor, disfruta esa trucha complicada, atesora en tu recuerdo la experiencia. Te divertirás más y te frustrarás menos.

Buena pesca, Roberto Romano

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