navidadandoainAntes del concurso, acordando hacer una reseña para la web de esta nueva iniciativa de la federación guipuzcoana, le sugerí a Xanti cambiar el tono de las crónicas y, ya que la nota de humor la pone él con sus fotos y videos, hacer una "Crónica Negra" en lugar de de los textos optimistas pero melifluos con los que justifico mis (en singular porque Xanti no lo hace nada mal cuando pesca con su otra pareja, Lamberto) lamentables resultados allá donde vadeamos últimamente. Pescamos tan poco que no dio ni para eso, así que no queda otro remedio que hacer un resumen-justificación de los resultados que perpetramos en el estilo habitual.

Desafortunada y previsiblemente pescamos y controlamos muy pocos peces, los tramos que finalmente pescamos no eran los que nos creímos ya que mi "pareja de hecho" se confundió al leer las tablas del sorteo, así que nuestras aspiraciones flojearon al saber que finalmente pescaríamos "El Solitario" por encima del viaducto (T. 5) y aguas arriba del puente de la Papelera (T.9) dos tramos tan distintos como imprevisibles. En el primero los cormoranes no dejan una así que sólo se pescan las últimas repobladas, mientras que en Lizarcola las hay por castigo pero es de los tramos más visitados luego no son nada fáciles, para colmo, al haber muchas, no suelen echar demasiadas antes de los concursos, reservándolas para tramos más flojillos. Excusas, excusas lo sé, pero la clasificación demostraría que la combinación de pescar en 1ª y 4ª mangas resultó mejor que la nuestra (2ª y 3ª) a pesar de parecer más equilibrada que la alternativa de sortear 1ª junto a 3ª y 2ª con 4ª.

Apuntamos media docena de truchas a los jóvenes sorianos a los que controlamos a 1ª hora en el merendero, una de ellas común, y ambos, que pescaban bastante bien, con distancia y control, rotando ninfas y estrimers con confianza, perdieron sus respectivas piezas de más de 50 después de que los volvieran locos un buen rato con sus saltos y arreones.

Subimos al Solitario a las 11:00, se veían varias peponas en el límite del tramo y en pocos lances clavé la primera, la mantuve en la cola del pozo un rato hasta que se descolgó por una corriente sembrada de ramas donde logré subirla a un descanso en el que creí que se rendiría. Nada de eso: ¡La muy perra se había escondido bajo la roca en la que me acababa de encaramar! Metí la mano y tiré del bajo, era demasiado, el 12 se partía mientras podía sentir el pez entre mi mano y la roca. ¡Qué frustración! De crío la habría sacado "a mano" sin dañarle las agallas. Miré de reojo y otra mayor se había colocado en su lugar, rehice el bajo, esta vez con un 14, mientras el control (Rioja), con acento ribero, me decía: ¿Queeeeeé vas a poner otro trapicooooooó? Con ese nombre se quedará ese estrimer blanco, picó y al primer brinco se soltó. De la rabia lancé contra el punto más alejado del pocillo y el bajo se enganchó, levanté para desenredar y noté que se trataba en realidad de un buen "talabarte". 51 midió. Cinco minutos que habrían sido gloriosos y, en cambio, me daban ganas de darme de cabezazos con un árbol.
Adelanté a Xanti, llevaba dos, y subí a las tablas que hay debajo del pozo de La Higuera. No puedo decir que no hubiera, al terminar las derivas se acercaban, sin llegar a picar, las truchas de 27 a 30 con que habían completado las repoblaciones. Salvo una de éstas y alguna picada dudosa, no hubo manera de engañar a más peces.

Comimos en el Centro de Interpretación del Leizarán y bajamos a Lizarcola, teníamos desde ese puente hasta la presa y la hora y media de rigor. Desde la barandilla se contaban innumerables peces, algunas hasta cebándose a la seca. Desde abajo la cosa pintaba diferente... Al primer lance cayó la primera, al poco una segunda se soltaba después de bailarle las ninfas aguas abajo. Xanti que pensó (¡alma cándida!) que tenía el asunto controlado, se subió hacia la presa, donde midió dos y perdió otra de las grandes. Yo, mientras, me quedé clavado allí esperando solventar sin volver a mojar la tomadera.

Esperamos a la pareja a controlar en el mismo puente y resultaron ser los riojanos que nos controlaron antes del almuerzo. Por debajo pescaban Aitor Urruzuno e Iñaki Muñoz, nos ofrecieron un recital que los haría triunfadores y centro de todos los comentarios: ¿Qué tendrá el jodido Aitor que, sin apenas ir a pescar, nunca perdona pesque donde pesque, sean iris, reos o comunes, a seca o a ninfa o en mar (es también campeón nacional de embarcación fondeada)? Da igual, es como Iñigo, su hermano (éste con las piezas grandes), tienen algo especial que no se puede clasificar como técnica ni menos como suerte. Se trata de un instinto o sexto sentido que distingue a los grandes (no sólo de perímetro) del resto.

Del resto ¿Qué mencionar? Lo de siempre, pocas sorpresas en la clasificación, algunos tramos mejores que otros, el escenario fantástico, los peces también (o eso dijeron los que pescaron) y de nuestro club buen resultado de Luís Ilundáin y Andrés, en especial de Luís y peor de lo esperado el de Txutxín y Javi Trapi-Fly, subcampeón y campeón vigentes de Navarra y buenos pescadores de iris. La pieza mayor la tuvo Javi sobre su tomadera pero no acertó a encestarla antes de que se le soltará ya agotada, logrando meterla en la red al menos para medirla y recuperarla, fueron 68 centímetros y más de tres kilos de puro nervio y un buen disgusto para nuestro amigo, pero así es la competición, tantas veces "injusta" como la vida misma.

Para terminar, algunos cenamos en Andoáin en la sociedad gastronómica de Arkaitz Martín, donde su padre nos preparó unos chuletones a la parrilla que no los igualan en ninguna sidrería. De verdad que no exagero: creo que comí más carne que kilos de pescado pasaron por mis manos en todo el día si exceptuamos el salmón zancado moribundo al que hicimos unas fotos en la papelera.

Alguno pesaría ¡Qué mala suerte! A estos dos siempre les falla algo, el tramo, los horaríos, bla-bla-bla... Pero no, lo que tuvimos fue una suerte de mil demonios pues después de pasar un día cojonudo, todavía nos paró la Guardia Civil en la rotonda del Models (no penséis mal) y, gracias a Dios y a que cogí yo el coche de Xanti, no di positivo de chifla. ¡Vamos que eso no lo cambio yo ni por pescar la escuela y el vedado!

No podemos terminar la parrafada sin mencionar que esta iniciativa ha sido fruto del esfuerzo de los miembros de la federación gipuzkoana para superar la casi desaparición de las subvenciones, sin las cuales el guarderío y los cotos no tendrían futuro. Los participantes lo tuvieron bien presente a la hora de pagar su inscripción, satisfechos de colaborar para el sostenimiento de la única alternativa invernal para pescar en río en el oeste peninsular.

  Texto; Pepe Díaz, fotos y vídeo; Santi, parte del vídeo mas chunga; Pepe

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